Dios hizo el gato para ofrecer al hombre
el placer de acariciar un tigre

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Expatriados

Volviendo a casa y reencontrándome con mis compañeros de piso después de pasar el fin de semana en Valencia.

Jam: ¡Hola! Estoy de vuelta.
D: ¡Hola! ¿Qué tal por allí?
J: Genial, disfrutando del buen tiempo, parece que el otoño no haya llegado aún. Anoche hacía buena noche y cenamos en la terraza de un restaurante con vistas a la Ciudad de las Ciencias, hoy disfrutábamos de 30ºC a la sombra y he hecho una barbacoa con unos amigos... el día era fantástico, luminoso, agradable...
D: Ajá... (mi compañero es de Sidney, Australia, así que imagino que tenía una buena imagen de lo que le decía; tras una breve pausa añade:) Jam, recuérdame otra vez por qué vivimos en esta ciudad.
J: Creo que es por el sueldo.
D: Ah, sí, el sueldo.

Crónicas de una teoría imperfecta

We spend all our lives working in jobs that we hate so we can buy shit we don't need.

Tyler Durden

We are all Tatcher's children now living in a country where there is "no such a thing as society", just a bunch of individuals competing with each other for the scraps on the table.
Cityboy

Algún día os explicaré de qué va todo esto...

Idiomas vinícolas

Curiosa la campaña publicitaria que ha lanzado la denominación de origen Rioja por el metro y las estaciones de bus de Londres (que decir eso es decir mucho):

Destacan el logotipo de la denominación de origen abajo a la derecha y el del ministerio (mucho más pequeñito) arriba en el mismo lado.

La campaña me parece totalmente acertada. Aquí es costumbre, diría que mucho más que en España, el juntarse dos o más personas (normalmente no muchas más) y tener una charla regada con un vinito, cosa que se refleja perfectamente en el cartelón. Puede que alguno me argumente que lo de tener charlas con vino sí es típico de España, país productor de vino donde los haya (por algo es el país con mayor extensión de viñedos del mundo), pero al menos en los círculos que yo me muevo el ritual es ligeramente diferente: para las comidas y cenas se consume vino, pero para las charretas con amigos cerveza. De hecho aquí en Londres es muy común pedir una copa de vino en un pub o en una discoteca, cosa que en España me consta que es más bien infrecuente.

¿Y tú qué tomas con tus amigos? ¿Cerveza o vino?

Empezando con buen pie

Está claro que siempre puede aparecer un imbécil dispuesto a joderte el día, pero mucho énfasis le tiene que poner para acabar consiguiéndolo cuando lo primero que ves cada mañana de camino al trabajo es esto:


¿Os he dicho ya que me he mudado y que me encanta mi nuevo barrio?

Dudas existenciales a pie de calle (2)

Parece que este examen va a ser mucho más complicado de lo que pensaba, siguen las preguntas con truco:



Como ya os habréis imaginado se trata de una campaña publicitaria, en este caso del grupo Alpha, que se encarga de organizar cursillos y talleres sobre el significado de Dios, la vida y el destino. Lo más curioso es que los cursos parecen ser gratuitos (una "contribución" es solicitada para aquellas actividades que incluyen alojamiento y comida), pero me consta que los publicistas, desarrolladores web, etc. no suelen trabajar por amor al arte... ¿de dónde sacarán la financiación?

Dudas existenciales a pie de calle

Maldita sea, esta mañana no salí de casa preparado para este examen...

And de güiner is...

Hoy lunes, aterrizando en Luton desde Barcelona (qué gran visita, cuánto echo de menos esa fantástica ciudad), he sido testigo de cuán irónica es la vida: si durante largo tiempo se ha dicho que una de las grandes asignaturas pendientes de los españoles es el inglés, bien se puede justificar que una gran asignatura pendiente de los ingleses es el español.

Esto es lo que reza uno de los carteles (oficiales, nada de bromitas) que se pueden ver en la estación de tren del aeropuerto de Luton (Londres):


O, acercándonos un poco...


Hay que decir que es todo un portento de eficiencia fallida: dos por línea, una falta ortográfica por cada dos palabras, ¡ni los alumnos de la ESO lo hacen tan mal!

El trabajo dignifica

Qué vacaciones en Valencia, qué maravilla, qué descanso... después de esos días comiendo en casa de la abuela, yendo a la playa y disfrutando de cervecitas al sol con los amigos tocaba volver a Londres, a la oficina y a la realidad. De camino al trabajo notaba un principio de eso que recientemente se ha venido llamando estrés postvacacional, aunque de toda la vida lo hayamos conocido como el bajón de la vuelta al cole.

Llego a la oficina y allí me esperaba mi jefe con los brazos abiertos y el rabo desenfundado, listo para darme por donde amargan los pepinos a la menor ocasión. Amablemente me pregunta por mis vacaciones, pero antes de que pueda terminar la primera frase ya me corta y me dice "tengo un huevo de trabajo para ti, siéntate y vete mentalizando". Tras un par de intentos recuerdo mi contraseña y puedo abrir el Outlook, la hostia lo que me esperaba...


con lo limpita que me había dejado la bandeja de entrada antes de marchar; luego resultó que más de 400 de esos correos eran pura mierda. Eso sí, el informe que había pedido a la oficina de Bangalore hace un mes aún no ha llegado, así que me toca volver a ir detrás de ellos cual madre hacendosa detrás de su hijo con la papilla de las 5, como si no tuviera nada mejor que hacer.

Un compañero me dice que ha tenido que hacer "algunos cambios" en mi programa, pero que me ha dejado a mí la tarea de pulirlo; cuando lo miro resulta que me lo ha dejado todo patas arriba y, por supuesto, lo quiere arreglado para ayer (no haberte ido). No sé ni por dónde empezar, así que me dispongo a organizarme cuando me reclaman para una reunión con otro tema "urgente" (llevamos más dos meses coleando con esto, pero por supuesto es urgente).

Por la tarde, cuando por fin voy a sentarme a arreglar mi programa, se me presenta un tío que no conozco de nada y me pide que vaya con él a una de las salas de juntas. El hombre se pone a hablar rápido rápido y a pedirme cosas de las que nada sé. Cuando por fin se cansa de pedir y me deja marchar (así, sin invitarme a una copa, sin darme un besito de despedida, nada) termina con la coletilla tú pareces un chico listo, así que seguro que puedes hacer esto en 5 minutos. Mi vena de la saturación, esa que se nos hincha cuando nos tocan los frutos del nogal, experimenta una crecida propia de épocas de gota fría; tras decidir que quitarme los zapatos y tirárselos a la cara cual presidente yanki no sería una buena forma de entablar una relación de futuro con este hombre prometo hacer "lo que pueda" y me marcho.

A los 15 minutos, preocupado como estaba por mi trabajo y sin saber aún quién zarajos era ese calvo para asignarme tareas, a puntito de concluir que eso no era cosa mía y que se lo endosaran a otro, aparece mi jefe recalcando lo importante que es. Todavía me estoy preguntado cómo se ha enterado él cuando, despistado como estaba, se pone la montera, empuña el estoque y me descabella: esto tiene que estar no solo hoy, sino ahora. A mí mente acude una imagen que vi ayer en el Telegraph, una foto de una burbuja capturada justo en el momento en que estalla...


y me apunto como nota mental contactar con Richard Heeks, el fotógrafo: tal vez quiera retratar el mismo efecto sobre una cabeza humana.

Finalmente consigo escaparme. Es descorazonador ver tan solo 6 personas en una estancia donde normalmente hay en torno a 300. Hace frío y yo voy en mangas de camisa. Andando a casa me pongo a recordar aquellos tiempos en los que estaba en el paro y, si bien con un presupuesto mucho más reducido que ahora, tenía tiempo de cocinar dos veces al día, correr cinco veces a la semana y salir a bailar más de veinte noches al mes. Anhelando la tranquilidad de mi pisito en Cerdanyola del Vallès noto gotas cayendo sobre mí, está empezando a llover. Mientras abro la puerta húmedo, cansado, hambriendo y algo desorientado oigo que el teléfono reclama mi atención con su zumbido perezoso, mi padre tiene ganas de hablar conmigo. Hijo mío, ¿qué tal? ¿como te sientes?

Muy digno.

Compañeros de viaje

Me encanta viajar. Y por viajar no me refiero solo al hecho de descubrir nuevos restaurantes, visitar museos y “ver piedras” en general, yo disfruto el viaje en sí, el rato que paso en el tren o en el avión y las experiencias que allí vivo.

Hoy, después de pasar un tranquilo de fin de semana de vuelta a casa con la familia, me tocaba volver a la realidad, embarcar en un vuelo de Ryan Air y prepararme para mi camino a la oficina dentro de 9 horas. La llegada ha sido un desastre, por primera vez desde que viajo con los irlandeses me han obligado a meter el portátil en la maleta de cabina, solo para que después no hubiera suficiente espacio y tuvieran que llevarla a la bodega. Sentado en primera fila como estaba veo cómo cogen mi maleta y se la llevan, y el hombre sentado a mi derecha, un inglés en la cincuentena, me suelta con una sonrisa “mírala bien, porque es la última vez que la ves”. “Dios, menos mal que he sacado las tarjetas de crédito” fue mi respuesta.

Ese hombre me ha alegrado el viaje. Resultó ser el gerente de un table-dance club, es decir, un lugar donde bailan frente a ti mujeres sacadas de una película de James Bond o de una promesa yihadista (“y en el paraíso te esperarán 7 vírgenes capaces de escupir peltoas de ping-pong por el chochete...”). Entablamos una curiosa conversación sobre cómo se lleva un negocio de ese estilo: el proceso de selección de chicas, políticas internas, control de alrededores... Las chicas no deben ser simplemente guapas, sino jodidamente guapas, además de increíblemente atléticas; no en vano han de ser capaces de subirse a una barra y aguantarse solo con las piernas... ni tú ni yo podemos hacer eso.

Pero más importante que su belleza y sus habilidades es su actitud: deben encender al personal pero nunca dar la sensación de que están disponibles, deben ser un objeto de deseo inalcanzable, un mito erótico, algo por lo que los hombres no dejen de luchar (ni de pagar). De hecho, una de las normas internas es que nunca, jamás, deben besar a un cliente. Primero por no dar lo que ellos quieren, y segundo por entre la clientela se hallan con frecuencia personajes del famoseo... y paparazzi dispuestos a cazarlos y ganarse la portada demañana. No interesa perder a estos clientes, y por ello no interesa crearles una situación comprometida.

Entonces mi compañero dijo “¿sabes? Después de hablar con tantas mujeres empiezas a conocerlas tan bien que sabes lo que van a decir en cada momento, es como seguir un guión”. Aquí vi la oportunidad de girar a temas con mucho más jugo, y como si nada solté “entonces, ¿crees que tú trabajo te ayuda a la hora de ligarte a tías? ¿en qué manera?”. Y el hombre empezó a contarme mil anécodtas, secretos y truquillos.

Nunca le digas que la quieres. Ni siquiera que te gusta. Al fin y al cabo, si la has invitado a salir es por algo, así que esas cosas están de más. No seas demasiado atento con ella, pero tampoco seas un capullo. Si consigues un número en fin de semana no la llames hasta el miércoles, pero tampoco te esperes al jueves. Si ya has establecido una cita no la vuelvas a llamar, ya hablarás con ella cuando la veas. Nunca tengáis sexo en la primera cita, aunque ella quiera hacerlo. Tampoco lo tengas en la seguda, puedes jugar entonces, pero no llegar a culminar el acto final... será una actitud inesperada e infrecuente que acentuará su atracción por ti. Y un sinfín como estas.

Pero aún se podía dar una vuelta de tuerca más. Tanto hablar de mujeres, de cómo ligártelas y de cómo mantener una relación con ellas era solo cuestión de tiempo sacar el sexo a relucir. Así que mi acompañante culminó la última media hora de viaje relatando ejercicios físicos y mentales para durar más en la cama, desde la meada intermitente hasta la negación del yo. “Túmbate en el suelo boca arriba, las rodillas flexionadas y los pies apollados en tierra. Mantén los brazos rectos sobre el suelo con las palmas hacia abajo. Inspira. Contén la respiración. Encoje la tripa, encoje el culo y levántalo, apoyándote solo con los pies y la espalda alta. Permanece así durante 20 segundos. Baja el culo, relájalo, y relaja la tripa. Suelta el aire. Al principio no notarás nada, pero al cabo de unas 16 semanas... wow!”.

Quién sabe, tal vez dentro de 16 semanas haga una entrada interesante a este respecto ;-).

Yo de mayor quiero ser hijoputa

Ni matemático, ni profesor de lengua, ni informático, ni sexador de pollos... el trabajo ideal, después del de cuidador de playas paradisíacas, es el de hijoputa. Es la conclusión tras ver en el mismo día que, mientras un joven medio español debe ser más que trimileurista para poder comprarse una casa, una diputada vasca con un sueldo de 67 000 € anuales se lleva una VPO.

Y es que la raza política es así, va aparte. Un civil raso debe estar agradecido ante una rebaja en las cuotas de autónomos, pero a un diputado valenciano se la pagan Les Corts. Pero no se escandalicen, ¡ja!, que en España aún se recatan... aquí en el Reino Unido, que todo lo hacen a lo grande, los políticos sí que saben de eso de exprimir el erario público. Sir Gerald Kaufman (que aquí siguen muy orgullosos de sus títulos nobiliarios) le cargó a Westimenster las 8000 libras que le costó su super tele. Rosie Winterton, que debe ser mujer ardiente y pasional, trató que le pagaran 5000 libras para insonorizar su habitación; además me huelo que está liada liada con Jacqui Smith, que gasta la visa del parlamento en películas porno. Y así suma y sigue con un larga lista de gastos desorbitados y/o sin sentido (¿cerillas? ¿se las cargas al gobierno?).

Pero mi preferido, sin duda alguna, es Sir Peter Viggers (otro Sir, robando con clase), quien pasó una factura de 1600 libras por... un refugio flotante para patos a colocar en el estanque privado de su casa. Hagan las cuentas: dos refugios para patos al mes equivalen a un piso para un joven español, ¡hasta los patos lo tienen más fácil!

¿Quién quiere ser James Bond?

Sean Connery, Roger Moore, Pierce Brosnan... el siguiente podrías ser tú. Y no hablo de besar bellas féminas, conducir un Aston Martin y beber Martini con Vodka, hablo de ser verdaderamente un agente secreto. El Servicio de Inteligencia Secreta británico, más comúnmente conocido como MI6 (aunque ya no sea nombre oficial), está en búsqueda de efectivos.

Y es que, según publica FT, desde el Reino Unido están haciendo buen ejemplo de aquello de "a río revuelto, ganancia de pescadores". Como bien comentan, algunas de las habilidades más importantes que se requieren a un posible agente de campo son la comunicación, la empatía, la sociabilidad... al fin y al cabo hablamos de entablar lazos con ciertas personas y que estas te faciliten una información teóricamente confidencial. El SIS es consciente de que un colectivo que cumple bien estos requisitos son los tiburones de la jungla de asfalto: los habitantes de la City. El mundo financiero es un mundo duro, hipócrita, donde las relaciones lo suponen todo y el acceso a información privilegiada define la diferencia entre ser y no ser, pero además es un mundo que está haciendo "limpieza" y dejando a mucho sabueso en búsqueda de trabajo.

Así que unos ponen el hambre y otros las ganas de comer, y puede que salte la chispa. No sé si la próxima generación de dobleceros sabrá tanto de armas nucleares como de índices bursátiles, pero desde luego siempre es bueno saber que, ante tanta oleada de despido, surge una oportunidad para el que sepa buscársela. ¿Interesado/a? Averigua lo que piden.

¿Has pagado el impuesto del agua? ¿Y el de la gasolina? ¿Y EL DE LA TELE?

Madrid y Barcelona me sorprendieron cuando sacaron a la luz su impuesto sobre el uso del aire, pero el premio al impuesto de locos se lo lleva el Reino Unido por su impuesto a la televisión (o “licencia para ver la tele”, como a ellos les gusta llamar).

Sí mis queridos lectores, aunque parezca mentira en el Reino Unido se ha de tener una licencia si quieres tener una tele en tu casa, igual que en España necesitarías licencia para tener un caimán o una pistola (igualmente peligrosos, ¡dónde irá a parar!). Además la licencia no es barata precisamente, sino que te obligan a desembolsar tus £139.50 cada año (unos 156€ según el cambio actual).

Pero, si extraño resulta el concepto de “licencia para ver la tele”, más sorprendentes resultan las variantes y descuentos que el ente ofrece:

  • Si tu televisor es en blanco y negro se te aplica una tarifa inferior de tan solo £47.00 anuales (unos 53€); lo que me pregunto es cuántos televisores en blanco y negro deben quedar en el país y si aplicarán también, ya que estamos, diferentes tarifas por la televisión en alta definición.
  • Si tienes 75 años o más la licencia es gratuita, lo cual se interpreta como un incentivo a los abueletes para que vean la tele... justo lo que necesitan a tan avanzada edad, apoltronarse en el sillón con cerveza en una mano y patatas fritas en la otra.
  • Si eres ciego o de visión altamente reducida tienes un descuento del 50%, pero aún así tienes que pagar... Necesito recalcar esto: si eres ciego y, por propia definición de la palabra “ciego”, no puedes ver la tele, debes pagar unos 78€ anuales por no verla... Maldita sea, ¿de verdad hay gente que lo haga? ¿no les basta con escuchar la radio?
Lo sé, lo sé, en este momento estaréis pensando que seguro que no la paga nadie porque, al fin y al cabo, ¿cómo van a darse cuenta de que tienes una tele sin licencia? Pues ellos también lo han pensado y, aunque no lo he vivido personalmente, desde su página web afirman que hay agentes que pueden visitarte para comprobarlo o simplemente pasear por tu barrio con furgonetas cargadas de la última tecnología en detección de televisores. Y, por si te pasa por la cabeza que ante las incisivas preguntas de un agente podrás salir del paso con alguna excusa inocente, te avisan de que son implacables y nada piadosos, y hasta comparten contigo algunas de las excusas más frecuentes e imaginativas que han escuchado hasta la fecha.

Desde luego hay que joderse con estos hijos de la Gran Bretaña, o tienen demasiado tiempo libre o están amargados, pero yo esto no lo veo normal.

Esto ya lo he visto yo antes

Voy por la calle y veo cómo, ante la proximidad de las elecciones europeas, marquesinas de autobús, taxis, metros y un largo etcétera se empiezan a vestir de propaganda electoral, diciendo sí, no, blanco, negro y toda esa amalgama de opciones confusas y contradictorias que llamamos democracia. Uno de esos carteles llama especialmente mi atención:


Pienso ¿dónde he visto esto yo antes? Y al instante me viene la respuesta:


Lo que yo decía, habas cocidas.

Huevos de Pascua (4 de 4)

Y llegamos al final de nuestro viaje: Bath. La personalidad de Bath y su carácter diferenciador emanan principalmente de dos fuentes: el manantial natural de agua sulfurosa que ya en tiempos los romanos supieron aprovechar (y que da nombre a la ciudad) y la extensa comunidad universitaria, albergando la universidad de Bath cerca de 15 000 estudiantes en una ciudad donde la población es de 80 000 (podríamos decir que es como la Salamanca inglesa).

Ahora bien, nosotros visitábamos la ciudad durante la Semana Santa, por lo que dedujimos que gran parte de esa comunidad universitaria estaría de vuelta en casa con sus respectivas familias... qué alegría nos dimos al ver que nos equivocábamos. Las noches (y las tardes) en Bath fueron, sin duda alguna, las mejores de todo el viaje. Bares y clubes los hay a gogó, y el ambiente en ellos es insuperable: gente joven, muchas chicas, todas ellas tremendas, muchas de ellas disfrazadas sin motivo aparente, gran seleción de cóckteles, chupitos y mezclas varias... un respiro después de los tropiezos anteriores.

Así pues ahogamos nuestras penas en n pintas de Guinness y nos preparamos para visitar la ciudad. Bath tiene como principales atracciones los baños romanos, la abadía (que solo por motivos eclesiástico-políticos no es llamada catedral) y su ambiente, propio de la "auténtica ciudad inglesa" según muchos lugareños.

Los baños resultaron... bueno, pues unas ruinas romanas. No estaba permitido bañarse, que es lo que nosotros principalmente queríamos, y visitar las instalaciones (o lo que quedaba de ellas) no resulta demasiado espectacular si uno ha estado en Tarragona, Segovia o, marchando al extremo, Roma. Como ejemplo dejo una foto del baño principal, en aquella época cubierto, y aunque hay más para ver, esto es de lo mejorcito; por cierto, no os dejéis engañar por las esculturas romanas, no son de la época, las añadieron a posteriori en el siglo XIX cuando hicieron la primera restauración del centro.

La abadía es bonita de ver, aunque con ella pasa lo que con los museos: o eres un entendido en la materia o llega un punto en que todas te parecen iguales. Excepto por un aspecto crucial: la abadía de Bath, como casi todas las abadías, catedrales e iglesias de Inglaterra, no está bajo protectorado papal, ya que depende de la Iglesia de Inglaterra y no de la Iglesia Católica. Esto vincula la religión con la familia real (siendo la reina cabeza de la iglesia) y, por tanto, con el imperio británico, razón por la cual se ven en una iglesia tantos homenajes a hombres prominentes o útiles para el imperio, como son almirantes de tal o cual guerra, científicos, etc. Un ejemplo mucho más claro de esto es la Abadía de Westminster, cuya visita es más que recomendada. Como ejemplo os dejo fotos de fachada e interior.



Conclusión: viajar siempre es bueno, y visitar cosas siempre son buenas. Aunque uno piense "esto ya lo he visto en otro sitio" o "esto también lo tenemos en mi tierra", el viaje por lo menos habrá servido para aprender a valorar lo que uno tiene en casa (no hay necesidad de irse lejos para ver según qué cosas) o para entender por sí mismo qué es verdaderamente único en el mundo y qué se puede encontrar con facilidad. Si uno se pregunta si debería viajar a Inglaterra-Gales o a otro lugar tendrá que ver qué opciones hay, pero si la pregunta es entre visitar estas ciudades o no visitar ninguna mi consejo sería claro: ¡viaja!

Disfrutad.

Huevos de Pascua (3 de 4)

Cardiff, cerrado. Coche y carretera, nos vamos a Bath, donde pensamos hacer base para el resto del viaje. Tras agotar las baterías de los dos GPS que llevábamos llegamos con cierta suerte y retraso al hotel: Hiltonazo a 160 libras la noche, póngame medio kilo. Eso sí, la suerte y la buena imagen del imperio construido por el bisabuelo de nuestra querida Paris (ay omá qué rica).

Llegamos a recepción, buenas tardes, teníamos una reserva, y la chica muy atenta sale del mostrador para acercarse a nosotros y hablarnos cara a cara.

MANAGER: Mira, te voy a ser sincera, hemos tenido un problema con los sistemas y hoy tenemos todas las habitaciones ocupadas, así que no podemos alojarte aquí esta noche.
JAM: Ajá...
MANAGER: Pero no te preocupes porque he reservado tres habitaciones de hotel para vosotros en hotel de características muy similares al nuestro y que no tendréis que pagar, os conseguiremos un taxi de ida y vuelta y os invitaremos a la cena de esta noche. Además, una botella de champán os estará esperando en la habitación.

Debo reconocer que en este punto asomé una sonrisa... vale, la han cagado y me toca irme a otro hotel, pero a cambio tengo una noche de hotel gratis, una cena gratis y una botella de champán, que no es que sea especialmente aficionado al champán (me trae recuerdos placenteros y dolorosos a partes iguales), pero siempre sabe mejor cuando te lo tomas gratis. Me giré hacia mis amigos para discutir la situación y veo en sus caras que la alegría no es tal, así que dudo de mis rápidas conclusiones y amago la sonrisa; en este punto me doy cuenta de mi error, rápidas conclusiones: nunca aceptes un trato a las primeras de cambio, seguro que tiene un as en la manga.

MANAGER: Bien, ¿qué decís? ¿estáis contentos con la solución?
JAM: Eem... bueno, había un problema y has propuesto una solución, lo cual es bueno por ahora, pero tenemos que hablarlo y debatirlo antes de contestar.

Tras discutir la situación detenidamente nos dimos cuenta de que la chica, tan maja y bella como era, nos la estaba metiendo doblada. La reserva la habíamos hecho 3 semanas antes, por lo que la excusa de "los sistemas han fallado y hemos reservado habitaciones para hoy" no nos valía (siempre echando la culpa a los ordenadores, como AR). Además resultó que no nos invitaban completamente a la cena, ya que la bebida la teníamos que pagar de nuestro bolsillo, y los platos a elegir debían ser parte de entre un menú concreto. El champán resultó ser cava rosado de Torrelavit, bien bueno, pero nada que pille de nuevo a dos catalanes de nacimiento y un tercero por adopción. Y el hotel de "similares características", ¡ay!, alejado de la ciudad, habitaciones en un segundo piso sin ascensor y con una atención al detalle más que mejorable (en la puerta del baño había un letrero aconsejando no ducharse con la puerta abierta, pues el vapor de agua emergente podía activar la alarma de incendios).

Hiltonazo decepción. Pero olvidemos el hotel y vayamos al turismo que es a lo que hemos venido. El primer día lo planteamos para ver piedras, y nunca mejor dicho, pues visitamos Stonehenge y Avebury. Stonehenge es un conjunto de piedras prehistóricas del que se sabe más bien poco, hay muchas teorías (alguna incluyendo marcianos), pero nada concluyente; habríamos desarrollado la nuestra propia, pero unos cordones de seguridad nos impedían acercarnos a menos de 50 metros del conjunto, así que tararí que te vi. La audioguía hasta me puso de mala leche cuando me soltó incluso si quitáramos las piedras, este sería un lugar maravilloso de incalculable valor... no me jodas chato, si quitas las piedras esto no es más que un prado lleno de ovejas.


Y si las piedras de Stonehenge me dejaron frío, las de Avebury me dejaron helado. En Stonehenge nos encontramos con ciertas muestras de habilidad, como el desbastado de las piedras o incluso las hendiduras en forma de entrante-saliente talladas en las mismas para que encajaran, pero nada de eso encontramos en Avebury. Son menires grandes, toscos, amorfos, que ni tan siquiera llegan a la categoría de los cargados por Obélix, y algunos de ellos (algunos porque la mayoría ya desaparecieron) están situados formado un círculo... Círculo que te has de imaginar, porque el centro está ocupado por casas y la circunferencia resultante atravesada por dos carreteras.


Sin embargo, y a pesar de lo negativo de esta entrada, no todo fue malo en Bath; quedaban cosas por alabar y bellezas que contemplar, pero esto vendrá con el último capítulo.

¿No te cansas?

Viernes, 18:00 horas. Mi hora de salida en el trabajo es a las 17:00, pero me quedo de más para poder adelantar faena; la fecha de entrega es bastante apretada, así que o hago algunas horas extra o no podré hacer las cosas como me gustan (es decir, evitando hacer una puta mierda). Salgo de la oficina. Mis compañeros están en un bar tomando unas cervezas; es una quedada de las buenas, se ha convocado a todos los que entramos en la remesa de enero de este año y de septiembre del pasado... pero estoy cansado y decido irme a mi casa.

De camino pienso "maldita sea, es viernes por la tarde y, mientras todos están de cañas, yo decido hacer horas extra voluntarias y luego marcharme a casa a pasarme la tarde solo, ¿no estaré dejando de lado mi vida social?". Pero entonces caigo en la cuenta de por qué estoy volviendo a casa tan pronto. El miércoles salí a bailar y volví a la 1 de la mañana; arrastrando el cansancio, ayer acudí a una fiesta en casa de un amigo donde me la jugaron para cocinar lo que se ha venido a bautizar como paella india, volviendo a mi hogar a las 3 y teniendo lo mismo que tiene el Madrid comparado con el Barça (copas de más y muy poco estilo). Esta mañana me levanté con una resaca que podría matar a un buey para enfrentarme a un día con 3 reuniones.

Pero la razón de peso no es el pasado, sino el futuro. Esta noche llega un amigo que viene a pasar el fin de semana, por lo que seguramente saldremos; no hasta muy tarde, eso sí, porque mañana por la mañana tengo clase de salsa. Después de la clase hemos de arreglarnos que vamos a una barbacoa en casa de un amigo y, cuando esta acabe, empalmamos con la inauguración del piso de otro amigo. Si queda fuerzas saldremos después de fiesta y dormiremos todo el domingo, si no, volveremos a casa temprano para así aprovechar el día siguiente acudiendo a una convención de hip-hop o a un congreso de salsa (está por decidir). Tampoco sin abusar, que por la noche toca festivalón: 8 horas y media de salsa con clases y actuaciones de por medio (entre ellas la de los maños Ye Mambo).

Y para el lunes, que es fiesta aquí en Londres, visitar un poco la ciudad con unas amigas de Barcelona que están de visita; no está de más conocer la ciudad en la que vives...

Tras debatirlo conmigo mismo, llego a la conclusión de que mi vida social está en perfecto estado de saludo, y me arremolino en la cama mientras me pongo un capítulo de Perdidos.

"Jam, ¿pero no te cansas?" Pues hombre, un poco sí.

Huevos de Pascua (2 de 4)

Después del pequeño chasco que nos supuso nuestro primer día en Cardiff decidimos relajarnos un poco usando las instalaciones del hotel. Los del Marriott nos clavaron una buena (siendo tres nos obligaron a contratar dos habitaciones) pero la promesa de piscina, jacuzzi, sauna y baño de vapor bien lo valía. Al final el jacuzzi estaba fuera de servicio y la piscina era más de relajación que de natación (no cubría lo suficiente), pero aún así resultó agradable.

Al día siguiente decidimos visitar los otros dos castillos que aparecían en la guía, así como una fortaleza romana, aunque tampoco tuvimos una suerte mucho mayor. El primero de los castillos, Castell Coch, resultó ser también propiedad de la familia Bute y también del siglo XIX, por lo que fue como ver una versión reducida y asilvestrada del Castillo de Cardiff...


No es por desmerecer el Castell Coch, que ya me gustaría para mí, pero para ver algo similar basta con ir a Vizcaya y visitar el Castillo de Butrón.

En fin, partimos hacia Caerphilly en busca del último de los castillos, y este sí, este sí que era un castillo como mandan las tradiciones: viejo, sucio, negro, medio reduido y rodeado de un foso con serpientes... bueno, serpientes tal vez no hubiera, pero el castillo pasaba el cásting para escenario de Braveheart.


Sin embargo, ¡ay Manolete!, una de cal y otra de arena, y la "fortaleza romana" se quedó en unos montículos de tierra que meramente recuerdan estructuras de estilo romano, como este anfitiatro:


Disfrutamos en Gales, por supuesto, pero he de reconocer que marchamos hacia Bath con la esperanza de que nuestro viaje fuera a más... y en cierto modo así fue, pero esto vendrá en el próximo capítulo.

Luces, cámara, ¡bikini!

Me encanta mi barrio, Shoreditch, uno de las zonas más de moda de Londres. No se trata solo de los muchos bares y discotecas, los restaurantes y las galerías de arte, es además la estética. Una estética que viene perfecta a la hora de hacer reportajes fotográficos.

Sábado, 16:30 horas. Voy caminando hacia la parada del autobús cuando, en una de estas callejas, veo un tío con una cámara de fotos de las buenas apuntando a una chica. La chica está junto a un muro y, debido a un contenedor de basura situado justo delante de ella, solo le veo la cara. El fotógrafo me ve y decide bajar la cámara hasta que pase, y cuando lo hago dejando atrás el contenedor y recibiendo una vista completa de la chica, me doy cuenta de que solo lleva un bikini negro con trazas doradas. Piel morena, tersa, preciosa, pelo liso y brillante cubriendo una mirada un tanto tímida, cosa razonable teniendo en cuenta el escueto bikini que la cubre.

Abril en Londres no es demasiado cálido, yo iba con suéter y chaqueta, y aquella chica estaba en bikini en mitad de un callejón mientras un hombre le hacía fotos... tentado he estado de pararme y sacar mi cámara también. Maldita sea, esto nunca me pasa en Valencia.

Huevos de Pascua (1 de 4)

La Pascua ya pasó, lo sé, pero la gente hace cosas según tiene tiempo y yo hasta ahora no he podido sentarme a contar mi puente primaveral (si es que a lo que acontece en Gran Bretaña en abril se le puede llamar "primavera"). Los más afortunados se habrán ido de viaje a algún paraíso tropical, tomando daiquiris sobre una tumbona de juncos, junto a una piscina de mármol de Carrara, bajo un sol brillante y un cielo azul claro casi blanco, entre palmeras cocoteras, no lejos de alguna playa de arena fina y aguas tibias, rodeados de mulatas simpaticonas y con la tranquilidad y sosiego que da la pulserita del all included. Yo no he sido uno de esos agraciados por la diosa Fortuna, pero la ruta que hice en coche por Inglaterra y Gales tampoco estuvo mal, cosa que pasaré a relatar en cuatro cómodas entregas.

La primera parada la hicimos en Cardiff, capital de Gales. Llegamos excitados ante la perspectiva de visitar tres castillos, una fortificación romana y un estadio de rugby clasificado por la guía Lonely Planet como "propio de la era espacial". La decepción no se hizo de rogar y llegó con el primero de los castillos el de Cardiff.


No es que yo sea un exquisito de la vida, pero cuando pienso en castillos pienso en algo medieval, y no en esta construcción de finales del siglo XIX. La aberración se debe al tercer Marqués de Bute, quien por aquel entonces era el hombre más rico del mundo gracias a la minería de carbón (se cuenta que poseía no solo la mina, sino también el río y las líneas ferroviarias por las que se transportaba el carbón y el puerto desde el que se distribuía). Cuando acabamos la recargada visita (dibujitos de loros por todas partes) nos fuimos a ver el Estadio del Milenio, a ver si el mundo de los deportes nos daba un alivio. Según la guía en el estadio se organizan visitas guiadas al más puro estilo Camp Nou, lástima que estos bretones no sepan demasiado de turismo y, en pleno puente de Semana Santa, decidan cerrar hasta el próximo día laborable, ¿a quién se le ocurre? En fin, que nos tuvimos que conformar con ver el estadio por fuera, cosa que tampoco fue como para tirar cohetes...


Como gracia adicional podemos comentar que el estadio se halle a orillas del río Taff...

Forato vito, forato tapato

Estos días vuelvo a tener visita, y las visitas siempre dan buenas anécdotas. Y ya que el G20 no está dando tanto que hablar como esperaba, lo mejor es hablar de las visitas.

Para conservar su anonimato llamaremos a mi amigo "X", como la cabeza del GAL. Al salir del trabajo nos hemos ido de birras, luego de cena, y luego de más birras. Luego hemos tenido un poco de billar, aunque después de tanto licor de malta con el billar no metíamos ni miedo... En cualquier caso lo divertido ha estado en la cena.

Nos acomodan en una mesa de cuatro, y junto a nosotros sientan a otros dos hombres, digamos "muy amanerados". Esto es Londres y casi todo el mundo habla inglés, así que hablar en español suele ser seguro, pero aún así reprimo un comentario a X del estilo de "vaya dos mariposones que se nos han puesto aquí". No me malinterpretéis, no tengo nada en contra de los homosexuales, pero los discretos y los hay de los que llevan a la de la limpieza loca por toda la casa. Uno de ellos resultó ser venezolano, por lo que fue una suerte que reprimiera mi comentario sobre su amanerismo.

Tras conversaciones y risas varias, el no venezolano se dirige a mí...

SUJETO (apuntando a X): ¿es tu novio?
YO: No, no, es solo un amigo.
SUJETO: Ah... (dirigiéndose a X) hola, me llamo Tony, ¿y tú?

A mí me llamarán malpensado, pero eso en mi pueblo se llama tantear el terreno y tirar la caña. Por si quedaba alguna duda, el sujeto empieza a comentar la comida de X.

SUJETO: ¿qué es eso que tienes ahí? ¿un tomate?
X: No, es zanahoria.
SUJETO: Ah, parece una zanahoria muy grande... (sonríe, pausa)... ¿Puedo ver tu zanahoria?

Bueno, si lo de antes era tirar los tejos, esto ya es tirar las tejas, los ladrillos y hasta la hormigonera. Pero se ve que el otro se estaba poniendo celoso, y decidió entrar en escena también; después de conversaciones varias ataca también a X, y mientras le acaricia la espalda le pregunta.

SUJETO2: ¿Y tú qué edad tienes nene?

Coña, otra que no pierde comba. Yo no sabía si reírme o sentir envidia, ¿los dos detrás de él? ¿es que yo no soy guapo o qué? Aunque la verdad, si las tías me ven con pinta de gay y los gays con pinta de hetero... mal lo llevo, algo tendré que hacer.

Madre, qué bonito es Londres.

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El que inspira...