Dios hizo el gato para ofrecer al hombre
el placer de acariciar un tigre

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Vodka con bacon... o al reves?





Donde acaba la realidad y donde comienza la ficción? Con alguna de las ultimas aplicaciones para iPhone no esta muy claro... pero ojo, en el mercado hay un nuevo producto destinado a arrasar.
Te gusta ese extra de bacon en tu hamburguesa para darle un toque más crispy y mandarle un recado a tus arterias de paso? Te gusta el vodka de buena cepa para enciegarte y marnarle un recado a tu higado de paso? Ni te imginas la de tiempo que vas a ahorrar a partir de ahora... porque desde bakonvodka.com te ofrecen un nuevo producto que incluye ambos placeres: La grasa y la destilación vodkaniana :D
Casí ná... un BloodyMary con Vodka con sabor a bacon... pero bueno, en su pg web hay más ejemplos, como el mojito con BaconVodka, el ChocolateBaconMartini o el inigualable ProsciuttoWrappedMelon. Flipas. En la página hay hasta un buscador de estados en los EEUU donde puedes encontrar la destileria más cercana en la que hacerte con una botella de este brevaje... alucinante

Muisheto Feroz

Cómo enfriar un café II

En España si algo no falta son clientes en los bares, ya puede haber crisis o huracanes, que allí estarán. Tal vez por eso se nota tamaña diferencia en la calidad del servicio de la restauración en España y en otros países: mientras que en el extranjero los camareros suelen ser atentos, rápidos y serviciales, los empleados de la hostelería española suelen tener la concepción de que nos están haciendo el favor de su vida, ¡como si los que pagaran fueran ellos! Por eso me gusta cuando me encuentro ante bares y/o restaurantes donde todavía se recuerda aquello de "lo primero es el cliente" y tratan de crear un valor añadido hasta para el más simple café.

Este es el caso del bar El Espolón, en Buitrago del Lozoya (Madrid), regentado por Don Luis Francisco Durán, quien tuvo la genial idea de crear unas pequeñas piezas de poesía en prosa para amenizar la espera del cliente. Rebuscando entre papeles me he topado con una de ellas y, con su permiso, esto es lo que cuenta (copiada literalmente, incluyendo cualquier error ortográfico o gramatical que pudiera haber):

COMO ENFRIAR UN CAFÉ II
De entrada, para evitar tener que enfriar un café, hay que tener claro como nos gusta, pues eso de pedir que se añada leche fría, cuando se puede pedir templado, denota tener un morro bastante prominente, ya que ello conlleva que el susodicho cafetero se meta "pal" cuerpo café y medio por el precio de uno. Esto demuestra además que la prolongación labial que se tiene es de escasa calidad, ya que no aguanta las calorías pertinentes; sería conveniente laminarlo de PVC, pues ya que se tiene que sea en condiciones, que sale caro, ¡coño!, pero es para toda la vida.

Para enfriar un café es imprescindible sobre todo, tener un café que enfriar, una vez conseguido esto se coge la cucharilla, se introduce en el café por la parte ancha, asiéndola con los dedos por la parte estrecha o mango y haciéndola girar a la izquierda o (la) derecha, sin politizar, una vez cogida la postura, colóquese el morro en posición de silbar pero sin hacer ruido, expulsando el aire con suavidad sin hacer demostraciones de capacidad pulmonar y se le ahogue el reloj con las salpicaduras, para que la combinación del movimiento de cuchara y soplido haga el efecto deseado, sin distracciones, porque si por ejemplo uno está mirando a las Batuecas a la vez que se mueve la cuchara el efecto no es el mismo, pues lo más posible es que derrame el café y encima le parezca corto.

Bueno, lo de pedir que nos lo cambien de vaso, son ganas de que al camarero le de un ataque de enajenación mental súbito, de consecuencias imprevisibles; porque si por un euro hay que utilizar un molinillo para moler el café, que no lo regalan, una cafetera que vale un pastón, manchar dos jarras, leche fría y caliente, una taza y muchas veces también un vaso, por que al que lo pide se le ha olvidado que lo quería en vaso, un azucarillo o dos dependiendo de lo goloso que sea el interdicto en cuestión, un platillo, una cucharilla, una bayeta para limpiar la barra, otra para la cafetera, un lavavajillas, detergente y abrillantador para dejar higiénicamente limpio el servicio de café, comprar leche y café, por supuesto, sumado a la impagable presencia de mi menda a su servicio, con ese derroche de simpatía que me caracteriza, es demasiado escarnio para tan pocos dividendos.

No por favor no me hagan reverencias, mi modestia no me permita aceptar tanto honor, pero mi bolsillo si admite buenas propinas, cuanto más gorda mejor. Muchas Gracias.

Té moruno: metodología y disfrute

Hace poco una de mis mejores amigas me regaló un conjunto de tetera y vasos de té marroquíes y me explicó el procedimiento para hacer té al estilo de Marruecos. El proceso en sí mismo es curioso, por lo que he pensado que sería interesante comentarlo con mi toque personal.

Lo primero que necesitamos es el conjunto de tetera y vasos de té marroquíes como los de la foto. No se asuste si tiene la impresión de que los vasos son del Todo a 100, probablmente lo sean, pero de un Todo a 100 marroquí, cosa que los legitima. También necesitaremos té, obviamente, preferiblemente té seco en hoja no cortada como el que vende la marca Twinings. Por último, será necesaria una buena ración de menta fresca y una cantidad de azúcar equivalente a la utilizada para la campaña de Navidad en el pueblo de Jijona.



Con todo esto listo, cogemos una olla o pote estándar, lo llenamos de agua y lo ponemos a hervir (¿no hervimos con la tetera? pues no, aún no). Mientras tanto se coloca el té en la tetera, dos cucharadas de café por persona más otra cucharada adicional y, dependiendo de la fuerza del fogón y de los vicios de cada uno, se sale uno al balcón a echarse un cigarrito, se va al baño, se pone la tele o se queda mirando el ondular del agua según sus corrientes convectivas.

Una vez ha hervido el agua se echa un culín en la tetera, lo suficiente como para cubrir el té utilizado, se menea y remenea y se tira este agua en un vaso que guardaremos (sí, la primera agüilla, esa que se queda con toda la posible mierda que pudiera contener la hoje de té, nos la guardamos; le dará un regustillo especial). A continución repetimos el proceso una segunda vez, segundo culín de agua y segundo remeneo, pero esta agua, que es la que yo llamo "del remeneo del amago", la vamos a tirar. Entonces tomamos el agua del primer remeneo y la volvemos a añadir a la tetera, para que no pierda sustancia.

Aquí es donde empieza lo divertido. Cuando en la tetera tenemos el té y el agüilla sucia hemos de echar la menta fresca. No se preocupe por la cantidad de la menta, añada de forma generosa; si mirando el contenido de la tetera duda sobre si ha puesto suficiente menta problabemente la respuesta correcta sea "no", así que añada más. Cuando llegue el punto en el que empiece a tener la sensación de que se ha pasado tres pueblos con la menta sonría, habrá alcanzado la dosis exacta. Para que se haga una idea, los más puristas discuten si esta bebida debería considerarse una infusión de té con un toque de menta o una infusión de menta con un toque de té.

A continuación viene el azúcar. Si con la menta tenía la sensación de utilizar mucha cantidad, con el azúcar tendrá esa misma sensación a la enésima potencia (para n>2). A los marroquíes les gustan las cosas bien dulcecitas, así que para preparar auténtico té moruno tendrá que echar azúcar suficiente como para estropear las dentaduras de tres elefantes.

Con esta amalgama de ingredientes ya en el interior de la tetera llenamos de agua hasta arriba y ponemos, ahora sí, la tetera al fuego para que hierva su contenido. Es de personas inteligentes utilizar el resto del agua calentada en el pote estándar inicial, pero aquellos que gocen del estatus de Tonto del Pueblo y no quieran perder tan honorable cargo pueden tirar el agua caliente por el desagüe (o incluso echársela en un pie) y verter agua fría en la tetera. Si además añade cubitos de hielo se ganará el desprecio de aquellos que lo rodean.

Cuando ya el agua ha hervido tenemos casi preparada nuestra infusión, pero aún falta el toque final. Hemos de asegurarnos que el mejunje se ha mezclado correctamente y para eso haremos la siguiente cochinada: tomamos uno de los vasos de té y vertemos té en él. Este vertido hay que hacerlo en altura, como escanciando sidra, provocando la generación espontánea de espumita de té. Cuando hemos llenado el vaso lo vaciamos de nuevo en el interior de la tetera, repitiendo este mismo proceso unas cuatro o cinco veces. La finalidad de este proceso no es imitar al Profesor Bacterio vaciando el contenido de un vaso sobre otro sino, como ya se ha comentado, asegurarnos de que todo se ha mezclado correctamente.

Nota: es posible que el símil del vertido de té con la escancia de la sidra le haya dado la idea al lector o lectora de impresionar a sus amigotes tirando el té tras la nuca. A pesar de lo impresionante de la maniobra, el autor de este artículo quiere desaconsejarla encarecidamente, dado que un error en la ejecución puede hacer que el correspondiente amante del riesgo se vierta el té hirviendo sobre la nuca con consecuencias por todos imaginadas; si además se ha cortado el pelo recientemente y aparece alguien dispuesto a "estrenarle" con una amistosa colleja, la combinación de factores puede provocarle más dolor que trabajar en un día de fiesta. Tenga cuidado.

Después de todo este proceso llega el momento de disfrutar de nuestra infusión. Verteremos té en los vasos del Todo a 100 moruno al estilo gaitero anteriormente relatado, repartiremos vasos y beberemos. El acto de beber también tiene su propio protocolo. El vaso ha de ser tomado con los dedos pulgar, índice y corazón, el gordo apoyando en el borde superior y los otros dos bajo el culo del vaso. Esto se hace así para evitar que la elevada temperatura del líquido contenido (y por extensión del envase continente) provoque quemaduras de tercer y cuarto grado en los dedos del invitado. Ahora bien, si se da la circunstancia de que uno es un fugitivo de la justicia o planea serlo a corto plazo tal vez pueda resultar beneficioso coger el vaso por el medio y con las yemas de los dedos: el efecto cauterizante borrará sus huellas dactilares.

Con nuestro vaso ya en la mano realizamos el acercamiento a la boca. El disfrute de té se hace como el del champán, a pequeños sorbos. Además, en este caso la palabra "sorbo" es más adecuada que nunca, ya que verdaderamente se ha de sorber el té (si tiene dudas sobre como realizar esta parte consulte con su abuelo/a, seguro que puede mostrarle algún ilustrativo ejemplo con una sopa de fideos). El principio científico bajo tan sonora acción es que, al entrar aire junto con el té se equilibran las temperaturas, evitando quemarnos también la lengua (que, junto con la nuca y los dedos de pasos anteriores, sería ya lo que nos faltara). Si aún así uno opta por una metodología más políticamente correcta, no se preocupe, el afán positivista de este escritor no puede evitar verle un lado bueno al asunto: habrá perdido totalmente el sentido del gusto, imagine la de cubatas que podrá ganarse en una reunión de amigos, ¿qué te apuestas a que me echo colonia en la lengua sin hacer un gesto?, será el alma de la fiesta.

Bueno, esto ha sido todo lo que corresponde a la preparación y consumo del té moruno. El avituayamiento puede ser completado con unos dátiles, y si además de tomar té aprovecha esta reunión para acordar el matrimonio de su hija o hermana tendrá una experiencia totalmente moruna.

Que lo disfrute.

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El que inspira...